1. Si una prenda aparece en una revista, o en un famoso blog de moda… ¡Date prisa!
Puede que cuando llegues ya esté agotada. Y no, no pueden volver a fabricarla.
2. ¿Quieres que te acepten la devolución de cualquier prenda? Si te pones muy, pero que muy pesado, tienes posibilidades.
Pero no si eres borde, así que insiste pero no grites.
3. Sólo un encargado podría autorizar una devolución o cambio, así que no la tomes con el cajero.
Así que cuando llama al encargado es buena señal, no lo hace porque tenga algo personal contra ti.
4. Antes de abrir la tienda el primer día de rebajas, los del primer turno se dan una vuelta por el almacén por si hay algún chollo.
Tú harías lo mismo, ¿verdad? Si ven algo que les interesa le piden permiso a un superior para quedárselo, así que hay prendas que no llegan a salir a la venta…
5. Sobre las devoluciones… hay flexibilidad, pero si tiene manchas de desodorante o maquillaje hay menos posibilidades. ¡Y es algo muy frecuente!
O que vengas a cambiar un pantalón porque no te gusta cómo te queda… ¡y lo traigas puesto! También ocurre más a menudo de lo que pensarías…
6. Aunque hagan el circuito perfecto para que solo se haga una fila en las cajas, la vida se abre camino…
Por ejemplo, que alguien entre al revés es un clásico.
7. No queréis saber las cosas que se pueden llegar a encontrar en los probadores…
Desde bolsas de plástico con pis a, bueno, LO OTRO.
8. Todos sabemos que Amancio Ortega está forrado y su carrera para mucha gente es admirable… pero no hace falta felicitar a los trabajadores como si fueran familiares suyos.
Ojalá, por otra parte.
9. No importa que todo esté perfecto en la tienda —dice la leyenda que alguna vez ha ocurrido. Nunca, ¡nunca!, puedes quedarte de brazos cruzados.
A tu encargado o encargada siempre se le ocurrirá algo que puedas hacer.
10. Como por ejemplo, ¡reciclar perchas!
Las perchas de plástico se se devuelven a los almacenes centrales para ser reutilizadas, lo cual está muy bien, aunque pasarte una hora de tu vida metiendo perchas en cajas de cartón no es el trabajo más entretenido del mundo.
11. Los empleados tienen que marcar las taras de las prendas que se devuelven, y aunque a veces es muy obvio, otras no tanto.
Se da la situación en la que algún empleado ha acabado creando la tara, harto de buscarla. ¡Épico!
12. Zara no vende prendas defectuosas y no hace descuentos aunque encuentres alguna.
No te cabrees con el empleado, ya que es política de la empresa.
13. Aunque es una especie de leyenda urbana, Zara no fabrica nada específicamente para rebajas.
Lo que sí se hace es mover mucho stock sobrante de unas tiendas a otras en las que se le puede dar más salida.
14. Para que no parezca que están parados, a veces los empleados desdoblan la ropa para volverla a doblarla.
15. ¡Aviso para los incautos! Aunque no lo parezca, los perfumes tienen alarma y van a pitar al salir.
Se pilla a mucha gente intentando robarlos, y, entre tú y yo, no huelen tan bien como para pasar por ese trago.
16. Hay una alarma invisible: la de los zapatos.
Hasta el punto de que muchas veces y por razones que nadie es capaz de explicar —los misterios del magnetismo—, acaba reactivándose y es posible que vuelva a pitar en otra tiendas.
17. El primer día de rebajas es un esfuerzo físico y mental peor de lo que imaginas para todos los empleados.
Disculpa si ese día los empleados no pueden atenderte con tanta celeridad: están demasiado ocupados volviéndose locos.
18. ¿Por qué siguen usando esas bolsas negras que parecen bolsas de basura en rebajas?
El motivo no es otro que porque ocupan muchísimo menos en la caja, y así no hay que reponerlas tan a menudo, haciéndoles perder más tiempo en un día así de ajetreado.
19. Arrancar la pegatina de una prenda barata y pegársela a una más cara no sirve para nada.
El precio que marca la caja al pasar el código de barras es el precio definitivo. Además, se nota mucho.