domingo, 17 de enero de 2016

Asquerosidades que absolutamente todos hemos hecho de pequeños.


COLA CAO A CUCHARADAS

Si no has introducido una cuchara en un bote de Cola Cao y te lo has llevado directamente a la boca, no has tenido infancia.
¿Os acordáis de la tos que producía? Ay, el mal rato que nos hacían pasar esos polvos en nuestra boca… ¡Los dientes se quedaban negros y dejaba un mal sabor de boca!
Aún así repetíamos esta acción una y otra vez. Y si nos juntábamos con algún hermano o amigo… ¡Comenzaba la guerra!
A ver quién era el valiente que conseguía tragarse más y más cucharadas de Cola Cao a palo seco.
Con unos años más a las espaldas, estos nos parece una guarrada y preferimos emplear la fórmula tradicional: Vasito caliente de leche y Cola Cao, y es que hay cosas que no cambian y el cacao gusta a pequeños y mayores…

MASTICAR CHICLE AJENO

Ahora somos muy tiquismiquis y bastante más escrupulosos que años atrás… Pero, todos -sin excepción- hemos compartido chicle con nuestros amigos.
Ibas al kiosko a por todo tipo de guarrerías y las intercambiabas con tus amigos para probar todos los sabores. Con o sin babas ajenas. Eso no nos importaba demasiado…
El mundo de los masticables ha tenido un papel importante en la infancia. ¿Quién no se ha metido de golpe todos los chicles del paquete llegando casi a la asfixia? Una asquerosidad pero que permitía hacer unos globos enormes.

NUBES ¡QUEMADAS!

Nosotros no quemábamos las nubes al estilo americano, es decir, alrededor de una hoguera, pinchando la golosina en un palo y exponiéndola al fuego mientras cantamos canciones a la naturaleza. No. Nosotros simplemente utilizábamos un mechero y directa a la boca. ¡Y qué rico estaba!
Ahora esto, además de perjudicial para la salud, está visto como una verdadera guarrada.

TATUAJES CON EL COMPÁS

Más que asqueroso, esto es macabro. El compás, ese instrumento que formaba parte del material escolar con el que había que tener un pelín de cuidado porque “podía ser peligroso”. Y lo era, y nos daba igual. Compás en mano tatuábamos a nuestro compañero.
Todos hemos superado la educación primaria y hemos tenido un compás. Ahora, ni idea de hacer círculos perfectos, porque su función era otra muy diferente…

LECHE CONDENSADA A CUCHARADAS

Si ahora un simple café bombón -café con leche condensada- nos resulta pesado y demasiado dulce, echa la vista atrás y recuerda cuando ibas a la tienda a comprar botes de leche condensada -que no te duraba ni un asalto-.
Y, claro, el formato de este producto nada tiene que ver con el de antaño. Ahora, la leche condensada suele ir en bote que dispensa el producto. Antes era una lata a la que le hacías un agujero para ¡beber la leche condensada a chorro! Lo más divertido era que esto se hacía a escondidas porque sino la bronca de las madres era obligatoria.
Eso sí, ¡qué dolores de tripa!

MORDER LA GOMA MILÁN

Y es que parece asombroso que haciendo las cosas que hacíamos hace años muchos de nosotros estemos sanos, fuertes y vivos.
Lo cierto es que algunos nos confundimos con lo de las gomas de borrar Milán de NATA… Tal vez el dato de la nata nos despistaba y optamos por morder este veneno una y otra vez hasta comérnosla…
En general, los niños siempre hemos sido muy dados a meternos el material escolar en la boca o para darle un uso erróneo. ¿Por qué?

BEBER AZÚCAR DEL SOBRE

Y no nos explotaba el corazón…
Como os decíamos, de pequeños el dulce era nuestra perdición, pero esto -visto ahora- nos parece excesivo. Ahora entendemos porqué esa vitalidad de cuando éramos críos y esa energía inagotable… Si lo que nos extraña es que no alucináramos con ositos Haribo en movimiento o con que los toboganes tuvieran vida propia.

COGER HORMIGAS Y A SABER…

Hormigas, arañas y cualquier insecto que ahora aborrecemos, en nuestra infancia nos encantaban.
Con el paso de los años, el miedo a cualquier tipo de insecto va a más, pero de niños no sólo los cogíamos sin miedo. Sino que llevábamos a nuestras presas a casa y las encerrábamos en un bote e, incluso, los más osados, se las llevaban a la boca…